Kast en la encrucijada: entre el cobre y la consigna de Washington
El nuevo presidente chileno debe sostener un equilibrio delicado entre China, su mayor socio comercial, y la presión estadounidense de Trump

Redacción · Más España


José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile en un escenario donde la diplomacia y la economía se encuentran en tensión abierta. No es una metáfora: China es hoy el principal socio comercial del país y, al mismo tiempo, Estados Unidos reaparece con una ofensiva clara para reducir la influencia china en la región.
Que Chile concentre con China el 32,7% de su intercambio comercial --US$65.332 millones en 2025, según la Subrei-- y que Estados Unidos sea el segundo socio con el 17% (US$33.908 millones) no es un dato menor; es la medida de la encrucijada. Exportamos cobre, litio, fruta, salmón y vino a Pekín, y esa dependencia material contrapone intereses estratégicos que ahora reclaman una respuesta política.
La polémica por el proyecto del cable de fibra óptica que conectaría Chile con Hong Kong funcionó como advertencia. Las sanciones estadounidenses y la revocación de visas a funcionarios chileno vinculados al proyecto pusieron al gobierno entrante frente a una disyuntiva concreta: alinearse con Washington o preservar una relación económica de larga data con China.
El gesto de Kast fue significativo: evitó cuestionar las sanciones y se distanció del pasivo político que dejó la administración saliente. Su ministro de Transportes, Louis de Grange, dejó entrever que el proyecto no seguirá su curso. Ese movimiento, combinado con la asistencia del presidente al acto convocado por Donald Trump en Florida para la inauguración del llamado Escudo de las Américas, envía una señal clara hacia Estados Unidos.
El diplomático Jorge Heine, exembajador ante China, lo resume con crudeza: durante tres décadas Chile ha mantenido un equilibrio entre potencias; desecharlo por congraciarse con la administración estadounidense sería un error grave. Esa advertencia resuena ahora con evidencia tangible: las sanciones por el cable fueron interpretadas como una advertencia más dirigida al gobierno entrante que al saliente.
Kast enfrenta, pues, un tablero donde la soberanía económica y la lealtad ideológica pueden entrar en conflicto. No hay soluciones fáciles: cualquier decisión pública sobre proyectos sensibles o sobre la relación estratégica con Pekín tendrá consecuencias comerciales y geopolíticas palpables.
El nuevo gobierno deberá decidir si retoma la senda del equilibrio histórico que permitió a Chile tener TLC con China y con Estados Unidos, o si opta por un alineamiento más explícito con la agenda promovida por Trump. En esa decisión estará en juego no solo la política exterior, sino la estabilidad de sectores claves de la economía nacional.
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