Irán pone en jaque la sede de sus partidos en el Mundial y la FIFA levanta la voz
Teherán quiere mudar sus encuentros en EE. UU. a México; la FIFA insiste en mantener el calendario

Redacción · Más España


La pelota no está siendo la que decide. Cuando el deporte tropieza con la política y la guerra, el calendario y las sedes se convierten en campo de batalla.
La Federación de Fútbol de Irán, a través de su presidente Mehdi Taj, ha anunciado que se están llevando a cabo negociaciones para cambiar las sedes de sus partidos de la fase de grupos del Mundial 2026, proponiendo que se celebren en México. El motivo es explícito: garantizar la seguridad de sus jugadores ante la guerra que Irán afronta tras los ataques de Estados Unidos e Israel.
Frente a esa petición, la FIFA ha emitido un comunicado claro y rígido: "La FIFA mantiene un contacto regular con todas las federaciones participantes, incluida la Federación de Fútbol de Irán, para discutir la planificación de la Copa Mundial de la FIFA 2026. La FIFA espera que todos los equipos participantes compitan según el calendario de partidos anunciado". La organización rechaza por ahora el cambio de sedes.
Los hechos concretos no admiten lirismos: Irán tiene programados tres partidos en territorio estadounidense —Nueva Zelanda en Los Ángeles (16 de junio), Bélgica en Los Ángeles (21 de junio) y Egipto en Seattle (27 de junio)— dentro de un Mundial que se celebra entre el 11 de junio y el 19 de julio, coorganizado por Estados Unidos, Canadá y México.
En el plano diplomático, las palabras del presidente de Estados Unidos han encendido aún más la polémica. Donald Trump declaró que Irán es "bienvenido al Mundial", pero añadió que no cree que "sea apropiado" que los jugadores asistan "por su propia vida y seguridad". Esa advertencia tuvo efecto inmediato: Taj afirmó en una publicación en la cuenta de la embajada iraní en México que "Cuando Trump ha declarado explícitamente que no puede garantizar la seguridad de la selección iraní, ciertamente no viajaremos a Estados Unidos".
El propio ministro de Deportes y Juventud de Irán, Ahmad Donyamali, fue igualmente rotundo en su diagnóstico: "bajo ninguna circunstancia contamos con las condiciones adecuadas para participar en el Mundial". En el canal oficial de la selección en Telegram se lanzó además una acusación dirigida a la organización del torneo: "El país que debería ser excluido es aquel que, aunque ostenta el título de anfitrión, no tiene la capacidad de garantizar la seguridad de los equipos que participan en este evento".
La respuesta internacional y logística sigue en movimiento. Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que su país está abierto a recibir a la selección iraní y que esperarán lo que establezca la FIFA para actuar en consecuencia. Por su parte, la FIFA aseguró que mantiene el contacto con todas las federaciones y que confía en que el calendario se mantenga.
No hay todavía una solución práctica: hay partidos fijados, declaraciones que cruzan advertencias y promesas, y una federación que pide garantías que asegura no tener. En el centro, los jugadores y el torneo se convierten en piezas expuestas a decisiones que son, a la vez, deportivas y geopolíticas. El Mundial está a la vuelta de la esquina; la pelota, esta vez, exige certezas que el tablero internacional no garantiza.
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