Economía

Hidrógeno de poda: industria y soberanía energética en clave ilicitana

Greene impulsa en Elche una planta piloto que transforma residuos en hidrógeno renovable

Redacción Más España

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10 de junio de 2026 2 min de lectura
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Hidrógeno de poda: industria y soberanía energética en clave ilicitana
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Elche se levanta con una iniciativa que no es promesa vana ni titular pasajero: Greene Enterprise, a través de su filial Greene W2H2, opera en la ciudad una planta experimental para producir hidrógeno renovable a partir de residuos de poda y biomasa forestal. No hablamos de sueños etéreos, sino de una instalación en fase de operación y validación tecnológica que ensaya flujos reales de residuos para optimizar su conversión en energía limpia.

La ambición materializa cifras concretas: más de cuatro millones de euros invertidos en la planta piloto y catorce empleos altamente cualificados integrados en un equipo multidisciplinar —doctores en ciencias químicas, ingenieros químicos e industriales y especialistas electromecánicos—. Aproximadamente el 35 % de la financiación proviene de ayudas públicas de la Generalitat Valenciana, canalizadas por la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio, mientras que el sector privado aporta respaldo a través de Moira Capital Partners. Es el ejemplo de colaboración público-privada cuya eficacia exige el país.

La tecnología no es fragmentaria: Greene W2H2 integra en un único sistema procesos de pirólisis, craqueo, gasificación y sistemas de separación, purificación y compresión de gases. Ese ensamblaje permite transformar residuos biomásicos heterogéneos en hidrógeno renovable y captura de dióxido de carbono, ofreciendo una alternativa complementaria a otras vías de producción de hidrógeno. La planta valida producción de entre 6 y 8 kilogramos por hora de biohidrógeno y opera a una escala de validación de entre 100 y 150 kg/h de biomasa —equivalente a entre 700 y 1.100 toneladas anuales—. Esos números, hoy modestos, contienen la semilla de un salto: la compañía contempla desarrollos industriales capaces de valorizar alrededor de 50.000 toneladas anuales de biomasa.

La visita de la consellera Marián Cano a las instalaciones no fue mero protocolo. Cano ha destacado que "la innovación energética es hoy uno de los grandes motores de la reindustrialización" y que apostar por tecnologías limpias desarrolladas en el territorio es apostar por una reindustrialización sostenible y con mayor valor añadido. No son frases huecas: reflejan la lógica de quien entiende que la competitividad industrial depende de disponer de fuentes energéticas seguras y competitivas.

Este proyecto converge con objetivos esenciales: valorización de residuos, descarbonización industrial y economía circular. Sectores como la industria cerámica, el petroquímico y el del biogás y biometano figuran entre las aplicaciones potenciales señaladas por la iniciativa. La propuesta es clara: convertir un problema —residuos agrícolas y forestales— en una oportunidad energética y económica.

Queda camino por recorrer, desde la validación tecnológica hasta la industrialización. Pero la realidad tangible es la que importa: inversión local, capacidad técnica, respaldo público y privado y resultados operativos que se pueden medir en kilos de hidrógeno por hora y toneladas de biomasa valorizada. Esa es la senda que la Comunitat Valenciana quiere liderar, y acciones como la de Greene en Elche merecen ser observadas con la exigencia y el orgullo que reclama todo proyecto que aspire a reforzar la soberanía energética y la reindustrialización del país.

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