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El Postiguet vuelve a ser escenario: seguridad y tradición en juego

Costas autoriza el concurso de fuegos de Les Fogueres tras validar informes técnicos

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de mayo de 2026 2 min de lectura
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El Postiguet vuelve a ser escenario: seguridad y tradición en juego
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Costas ha escrito hoy en letra mayúscula lo que muchos reclamaban con argumentos: la Playa del Postiguet es idónea para acoger el concurso de castillos de fuegos artificiales de Les Fogueres de 2026. No por capricho, ni por complacencia, sino tras la evaluación de los informes técnicos presentados por el Ayuntamiento de Alicante y la Generalitat Valenciana.

La resolución del Servicio Provincial de Costas no es una concesión tibia; es un dictamen que asienta tres fundamentos inapelables recogidos en los papeles oficiales: la imposibilidad técnica de ubicar el disparo en otras zonas del litoral por las distancias de seguridad exigidas; la catalogación del Postiguet como tramo urbano U1; y la consideración de les Fogueres como un evento de interés general y tradición vinculada al litoral, reflejada en su declaración como Bien de Interés Cultural inmaterial y en el reconocimiento ministerial de 1983.

Seguridad y preservación del entorno han sido las claves. El informe del Servicio Territorial de Medio Ambiente certifica que la ubicación propuesta se encuentra a más de 500 metros de terreno forestal, lo que despeja el principal escollo respecto al riesgo de incendios forestales y a los niveles de preemergencia. Es decir: técnica, ambiental y humanamente respaldado.

La autorización otorga además un marco temporal preciso: la ocupación del dominio público marítimo-terrestre frente al Paseíto de Ramiro entre los días 25 y 29 de junio de 2026. No se improvisa: se actúa con calendario, con límites y con control. Una lección de cómo deben converger la protección de las personas y edificios con la celebración de tradiciones que mueven turismo y reputación.

No puede olvidarse la memoria inmediata: en 2025 el concurso se reubicó en el paseo volado del dique de Levante tras las obras de regeneración del espigón del Cocó. Aquella experiencia sirve ahora de antecedente técnico y político para justificar la decisión tomada y para subrayar que la prioridad ha sido siempre la seguridad y la legalidad administrativa.

Que se conceda el permiso no significa que no haya exigencias ni que el ejercicio del festejo deba ser liviano. Todo lo contrario: la autorización se sostiene sobre informes y condicionantes que obligan a respetar distancias, salvaguardar el entorno urbano y velar por la integridad de quienes asistan y de los bienes que rodean el arenal. Tradición y seguridad, en suma, han de marchar de la mano.

Queda, pues, una lección para el Gobierno local y para quienes gestionan el litoral: la defensa del patrimonio festivo no es un argumento para ignorar protocolos; la protección medioambiental y la seguridad ciudadana no son excusas para cercenar tradiciones. Cuando los técnicos, la normativa y la historia coinciden, la decisión es legítima y necesaria. Que las luces del concurso iluminan pues, pero siempre bajo la atenta tutela de la razón y la ley.

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