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El Papa contra los «señores de la guerra»: un desafío que sacude a la Casa Blanca

León XIV denuncia el derroche militar y enfrenta públicamente a Trump tras el conflicto con Irán

Redacción Más España

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17 de abril de 2026 3 min de lectura
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El Papa contra los «señores de la guerra»: un desafío que sacude a la Casa Blanca
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El Papa León XIV ha hablado con la gravedad de quien visita tierras laceradas: desde una catedral en Bamenda, en una región de Camerún teñida por la violencia, denunció a los líderes que «gastan miles de millones de dólares en muerte y devastación» mientras faltan recursos para la sanación y la reconstrucción. No son palabras de pura retórica: provienen de un líder que recorre África y ve con sus propios ojos lo que la política y la fuerza desatan.

No es un reproche genérico. León XIV apunta a quienes, en su visión, manipulan «el mismísimo nombre de Dios» para justificar la guerra y perpetúan un «ciclo interminable de desestabilización y muerte». Hizo referencia explícita a la expoliación de recursos y al destino de esas ganancias en arsenales que alimentan conflictos. Son denuncias pronunciadas en un contexto concreto: Camerún lleva casi una década de insurgencia en sus regiones anglófonas, con al menos 6.000 muertos y millones desplazados.

Pero la voz del Pontífice no se queda en África. Sus críticas han chocado en la arena internacional con la administración de Estados Unidos. Tras condenar la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel en Irán y alzar la voz contra la amenaza de «acabar con toda una civilización» si Irán no accede a exigencias para poner fin a la guerra y abrir el estrecho de Ormuz, el Papa recibió un duro contraataque público de Donald Trump en redes sociales. El presidente estadounidense describió al Pontífice como «débil ante el crimen y terrible en política exterior», publicó una imagen suya de carácter religioso —luego eliminada— y declinó pedir disculpas.

El choque verbal deja ver algo más que una disputa personal: desnuda una distancia de planteamientos. Mientras la Casa Blanca muestra gestos y mensajes alineados con decisiones de seguridad y defensa —incluyendo episodios polémicos como la oración recitada por el secretario de Defensa Pete Hegseth en el Pentágono—, el líder de la Iglesia católica subraya que «Jesús, rey de la paz» no puede ser invocado para justificar la guerra, citando incluso Isaías: «Aunque multipliquéis vuestras oraciones, no escucharé: vuestras manos están llenas de sangre». Son palabras que trazan una frontera moral entre el recurso a la fuerza y la exigencia de paz.

León XIV, que el año pasado se convirtió en el primer Papa nacido en Estados Unidos, ha dicho también que no teme a la administración Trump y que seguirá promoviendo la paz. Esa afirmación no es trivial: un Pontífice nacido en suelo estadounidense que marca distancias con el presidente de ese país es un elemento de peso en el debate público internacional.

La gira por África, con paradas en 11 ciudades de cuatro países, pretende mostrar una pastoral cercana a víctimas y desplazados, y al mismo tiempo levantar una voz crítica contra la lógica del gasto militar desbocado. Que esa denuncia se convierta en reacción pública entre Washington y el Vaticano habla de la polarización de los tiempos: cuando la guerra se plantea como opción política, la Iglesia extiende un reto moral; cuando la respuesta política es la confrontación, el eco se vuelve conflicto abierto.

No es cuestión de postureo: es una encrucijada de principios. Y en esa encrucijada, el Papa reclama que los recursos sirvan para sanar y educar, no para multiplicar armas. La pregunta que queda en el aire, urgente y sin concesiones retóricas, es quién actúa hoy como responsable último de la reconstrucción moral y material de los pueblos arrasados: ¿los que invierten en reparación o los que invierten en destrucción?

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