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El «Escudo de las Américas»: un blindaje selectivo que anuncia prioridades y ausencias

Trump lanza una coalición militar regional centrada en carteles, con Kristi Noem al frente y reticencias de potencias clave

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de marzo de 2026 3 min de lectura
El «Escudo de las Américas»: un blindaje selectivo que anuncia prioridades y ausencias
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Donald Trump vuelve a mostrar su afición por los grandes blindajes. Tras la presentación de la Cúpula Dorada —un sistema antimisiles cuyo costo se calcula en US$175.000 millones y que pretende estar activo en 2029— el inquilino de la Casa Blanca ha impulsado ahora el Escudo de las Américas, una iniciativa igualmente ambiciosa en retórica y por ahora difusa en ejecutoria.

En Miami, en la cumbre que sirvió de lanzamiento, Trump entregó la responsabilidad del proyecto a Kristi Noem, a quien describió como "enviada especial del Escudo de las Américas". Paradójicamente, Noem fue despedida como secretaria de Seguridad Nacional por el propio presidente, y ella misma agradeció la designación en su cuenta de X. El cargo y sus competencias concretas, sin embargo, siguen sin estar claros para la opinión pública.

El eje declarado de la alianza es la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Trump habló con crudeza: anunció el uso de "fuerza militar letal para destruir estos siniestros carteles y sus redes" y llegó a bromear ofreciendo "misiles de precisión" para acabar con ellos. Esa retórica anticipa operaciones conjuntas como las que ya han realizado fuerzas estadounidenses con países de la región, pero no detalla marco jurídico, límites ni responsabilidades.

La cumbre convocó a mandatarios de 12 países, todos —según la crónica— con afinidad ideológica hacia Trump. Esa selección política revela un sesgo: la coalición arranca con socios que han estado menos vinculados históricamente a EE. UU. en materia de seguridad que otros actores tradicionales. Y, crucialmente, se registraron ausencias notables: México y Colombia, dos países centrales en la problemática de drogas e inmigración, no estuvieron representados, lo que genera dudas sobre la eficacia y la amplitude del proyecto.

Las críticas a Noem durante su paso por la Secretaría de Seguridad Nacional son un elemento que no puede obviarse: en los últimos meses fue señalada por una campaña de detenciones de inmigrantes sin papeles en la que, en enero, dos ciudadanos estadounidenses murieron a manos de agentes federales. Ese episodio añade combustible político a una iniciativa que combina mano dura y cuestionamientos por procedimientos.

Además del objetivo declarado contra los carteles, expertos citados por la crónica apuntan a otra motivación: frenar la expansión de China en la región. La doble finalidad —seguridad interna y competición geoestratégica— convierte al Escudo en un instrumento de política exterior con componentes militares, diplomáticos y simbólicos.

Sea por ambición, por cálculo electoral o por ambos, lo cierto es que al proyecto le faltan aún definiciones esenciales: quiénes serán los actores operativos, bajo qué marcos legales se actuará, cómo se coordinará con países que no participaron en Miami y qué garantías habrá para evitar incidentes internacionales. Sin esas respuestas, lo que brilla ahora es la grandilocuencia del anuncio; lo que falta es la arquitectura práctica que sostenga un plan cuya efectividad dependerá, en última instancia, de la inclusión de los socios clave y del respeto a las normas que rigen la acción militar y policial en la región.

Trump presenta un escudo. La región exige transparencias, acuerdos sólidos y alianzas reales. Sin México y Colombia, y sin reglas claras, el blindaje corre el riesgo de quedarse en un gesto contundente y poco operativo.

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