El abrazo que demora dos años: el reencuentro de madres palestinas con sus recién nacidos evacuados
Un pequeño triunfo humano en medio de la incertidumbre de Gaza

Redacción · Más España


Hubo un momento —breve, pero rotundo— en que la guerra se rindió, por unas horas, a la suerte humana: Sundus al-Kurd, que pasó un año sin saber si la hija que dio a luz en noviembre de 2023 seguía viva, volvió a estrechar a Bisan. No fue un gesto menor: fue el reencuentro de madres y bebés que la violencia y el caos habían separado durante más de dos años.
La escena contiene la medida exacta de lo que han sido los últimos tiempos en Gaza: decisiones desesperadas, evacuaciones de emergencia y vidas colgando de una pulsera rosada. Al inicio del conflicto, la Media Luna Roja y la OMS evacuaron la unidad de neonatos del Hospital Shifa y trasladaron a 31 recién nacidos a Egipto, explicando que mantener las incubadoras en funcionamiento en un territorio en guerra era imposible de garantizar.
El propio personal del Shifa había informado entonces de que el hospital cuidaba alrededor de 50 neonatos, pero que los cortes eléctricos y la imposibilidad de esterilizar agua complicaron la atención, con el resultado de que sólo 31 bebés sobrevivieron el primer mes de guerra. Entre la confusión y las noticias de fallecimientos, las madres vivieron la peor agonía: buscar en fotografías y preguntarse si aquel niño era su hijo o hija.
Sundus, que ya había perdido otro bebé y parte de su familia antes del nacimiento de Bisan, recibió la noticia de que su hija estaba viva sólo un año después de la evacuación: localizada en un hospital de campaña egipcio y reconocida por la pulsera que le colocaron al nacer. Ella misma confiesa sentirse dividida entre el miedo y la alegría, temiendo incluso no ser aceptada como madre tras tamaña separación.
Ese retorno de los lactantes es, en palabras de la crónica, un triunfo limitado: ocurre en el marco de un alto el fuego impuesto por el presidente estadounidense Donald Trump, pero seis meses después el futuro de Gaza sigue siendo incierto. El territorio permanece fracturado: fuerzas israelíes controlan temporalmente cerca de la mitad de la Franja, mientras Hamás afianza dominio en la otra mitad, donde la mayoría vive entre escombros.
El acuerdo que promete reconstrucción y retirada condiciona ambos al desarme de Hamás, y no se aprecian avances claros en esa materia. Los avisos diplomáticos son crudos: el representante Nickolay Mladenov advirtió ante la ONU que Gaza afronta la disyuntiva entre una «guerra renovada» y un «nuevo comienzo». Y, según un funcionario palestino cercano a Hamás citado por la BBC, el grupo podría rechazar las propuestas de desarme recibidas.
En ese tablero mayor de incertidumbres se inscribe el abrazo entre Sundus y Bisan: una victoria humana pequeñísima frente a un panorama geopolítico que todavía no garantiza ni la paz ni la seguridad. Volver a casa en Gaza significa regresar a un territorio donde la estabilidad no está garantizada y donde las lecciones del conflicto siguen pendientes de aprender.
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