Diálogo en tiempos de apagón: Cuba y EE. UU. hablan bajo la presión de la crisis
Díaz-Canel confirma conversaciones para abordar el bloqueo al combustible y la crisis energética

Redacción · Más España


Cuba ha reconocido lo que muchos veían como un secreto a voces: hay conversaciones con Estados Unidos destinadas a aliviar una crisis que ya no admite eufemismos. Miguel Díaz-Canel lo anunció en una alocución televisada, con la gravedad que imponen los apagones, la caída del turismo y la falta de combustible.
El objetivo declarado es claro y limitado: identificar problemas bilaterales que requieren solución y explorar, por la vía del diálogo, pasos concretos que atenúen el desabastecimiento energético. Díaz-Canel dijo que dirigió la delegación cubana junto a Raúl Castro y otros altos cargos, aunque no ofreció la composición de la contraparte estadounidense. Tampoco detalló los nombres de los actores internacionales que, según él, facilitaron los intercambios.
No es un gesto simbólico: el contexto lo explica. Desde mediados de diciembre, la administración del presidente Trump impuso un cerco marítimo en el Caribe destinado a controlar el flujo de petróleo desde Venezuela, y anunció aranceles a quienes suministraran crudo a la isla. El resultado fue una reducción drástica de los envíos venezolanos que durante décadas sostuvieron el suministro energético de Cuba.
Díaz-Canel afirmó que no han llegado cargamentos petroleros a la isla en los últimos tres meses y que, pese a que Cuba produce alrededor del 40% del crudo que necesita, la producción interna no alcanza para cubrir la demanda. La suma de menor combustible y una red eléctrica obsoleta ha generado apagones severos que han afectado hogares, comunicaciones, educación, transporte y han obligado a posponer cirugías masivas.
El golpe se dejó sentir además sobre la industria turística, principal fuente de divisas del país: cancelaciones de vuelos y pérdida de actividad han agravado la emergencia económica. En este marco, el gobierno estadounidense autorizó la entrada de una cantidad regulada de petróleo por "cuestiones humanitarias", según la nota informativa.
En paralelo al anuncio del diálogo, La Habana informó de la liberación de 51 presos, sin ofrecer más detalles; y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebró el inicio de las conversaciones y dijo que su gobierno tuvo un papel de promoción en el proceso. Por su parte, Washington había dicho semanas antes que estaba en diálogo con las autoridades cubanas, una versión que hasta ahora La Habana no había confirmado.
El propio presidente cubano señaló que, además de reparar la red energética, una de las metas es verificar si existe voluntad política para tomar acciones que beneficien a ambos pueblos, siempre sobre la base de igualdad, respeto a los sistemas políticos, la soberanía y la autodeterminación. Es, en efecto, una exigencia elemental: las condiciones del diálogo condicionan sus resultados.
No hay aún anuncios de acuerdos ni nombres de interlocutores estadounidenses. Lo que sí hay son hechos que empujan la mesa de negociación: cortes de luz cada vez más frecuentes, impacto en la salud pública y en la economía, y la presión internacional que atraviesa esta crisis. El diálogo comienza en medio de la tensión; su éxito dependerá de que las palabras se traduzcan en medidas concretas que alivien la urgencia humanitaria sin renunciar a los principios que La Habana plantea como no negociables.
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