De Elche al asfalto mundial: cuando la técnica local empuja al podio global
Santa Madre y la demostración de que la excelencia empresarial nace en los detalles

Redacción · Más España


Que una compañía nacida en Elche aparezca en el relato de un resultado deportivo histórico no es una anécdota: es la evidencia de que la competitividad se teje en los laboratorios discretos del país.
Santa Madre, la marca de nutrición impulsada por la sociedad We Are Unusual, no vende mitos ni consignas: ofrece producto, dato y asesoramiento técnico. Su intervención en las once semanas previas al debut de Yomif Kejelcha en la maratón de Londres —un trabajo que incluyó tratamiento, análisis energético, corrección de déficits calóricos y una planificación casi horaria en las 48 horas previas— materializó un debut por debajo de las dos horas: 1:59:41. No es retórica: es resultado y, además, reconocimiento público del atleta.
En tiempos en que muchos proclaman épica genérica, Santa Madre se instala en la frontera opuesta: la precisión. Reservas de glucógeno, ingesta de carbohidratos, viento por tramos, botellas en carrera; hasta la pérdida de dos botellas, según su CEO Alfonso Beltrá, pudo alterar el desenlace. Esa atención minuciosa a lo circunstancial es precisamente lo que distingue a una empresa con ambición real.
Las cifras contables avalan la traducción comercial de ese saber técnico. We Are Unusual facturó 1,14 millones de euros en 2024, frente a 876.000 euros el año anterior; el resultado del ejercicio alcanza 65.400 euros, más de cuatro veces los 15.200 euros de 2023. Son números de empresa pequeña, sí, pero con volumen y crecimiento palpable. Su órgano de administración reúne a tres miembros, entre ellos Alfonso Beltrá, Ramón Bernad y Francisco Sánchez: una estructura reducida que opera como marca, relato y apoyo técnico en el circuito deportivo.
Esto es una lección económica para los que subestiman a las pymes innovadoras: la competitividad nacional se nutre de microhitos técnicos que luego se vuelven bandera internacional. Desde Elche se ha demostrado que la conjunción de ciencia, diseño e innovación puede traducirse en rendimiento medible y, a la postre, en negocio en crecimiento.
No se trata de romanticismo localista sino de poner en valor lo que funciona: especialistas que aplican conocimiento aplicado, productos diseñados para rendimiento y una narrativa que no promete milagros, sino mejora cuantificable. Ese es el terreno en el que España debe apostar si pretende convertir talento disperso en industria reconocida.
Santa Madre no ha inventado la épica; la ha ganado trabajando en las rendijas del rendimiento. Y eso, en la economía real, vale tanto como una medalla.
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