Cuando un correo del Pentágono sacude la alianza: la OTAN y la aritmética del poder
Un memorando interno sugiere sanciones de EE. UU. a aliados; la OTAN recuerda que no existe expulsión prevista

Redacción · Más España


La filtración de un correo electrónico interno del Pentágono ha puesto sobre la mesa un dato inquietante: Washington habría barajado medidas para sancionar a aliados que, según su criterio, no habrían respaldado la campaña militar contra Irán. Es un episodio que obliga a mirar de frente la naturaleza de una alianza que se reclama colectiva, pero que sobre el terreno muestra tensiones de poder entre socios.
La reacción de la OTAN fue nítida y técnica: su tratado fundacional "no prevé ninguna disposición para la suspensión de los miembros de la alianza o su expulsión". No es un reproche florido; es una llamada a la letra del pacto que cimenta la defensa colectiva europea y transatlántica. Esa puntualización legal choca con la lógica de un correo que propone, como represalia posible, reevaluar el apoyo diplomático estadounidense a antiguas posesiones europeas, mencionando expresamente las Islas Malvinas/Falklands.
España, protagonista indirecta de la controversia, ha desestimado las informaciones. El presidente Pedro Sánchez recordó que los gobiernos no actúan sobre la base de correos electrónicos sino de documentos y posiciones oficiales, y subrayó la adhesión española a la cooperación con aliados dentro del marco del derecho internacional. España, en efecto, se negó a autorizar el uso de sus bases aéreas para ataques contra Irán, pese a que Estados Unidos mantiene en su territorio la Estación Naval de Rota y la Base Aérea de Morón.
La efervescencia retórica no se limitó a despachos filtrados: altos responsables estadounidenses han criticado la renuencia europea a implicarse tras el ataque de EE. UU. e Israel a Irán del 28 de febrero y las consecuencias en el estrecho de Ormuz. El secretario de Defensa estadounidense volvió a apelar a la responsabilidad europea, con frases que plantean un reproche contundente sobre décadas de protección. Y el propio presidente Donald Trump había llegado a describir la alianza como una "calle de un solo sentido".
Frente a ese tono, varios aliados europeos han defendido posturas diversas: Reino Unido y Francia han permitido en distinto grado el apoyo a operaciones relacionadas con el bloqueo en el Golfo y han mostrado disposición a colaborar para mantener abierto el estrecho de Ormuz tras una solución duradera, mientras que otros socios, como España, han optado por límites a la participación militar directa.
La lección es clara y urgente: una alianza no se sostiene solo con poderío militar o con caprichos de despacho. Se sostiene con reglas, con confianza institucional y con el respeto a los marcos legales que la fundan. Cuando correos internos empiezan a sugerir castigos diplomáticos y a poner sobre la mesa asuntos territoriales sensibles, la solidaridad se resquebraja y la alianza corre el riesgo de convertirse en mero escenario de presión. Eso no fortalece a la OTAN; la debilita.
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