Cuando la tribu se parte: la lección brutal de los chimpancés de Ngogo
Una comunidad animal en guerra civil ofrece reflejos inquietantes sobre el origen del conflicto humano

Redacción · Más España


El Parque Nacional Kibale, en Uganda, alberga al mayor grupo de chimpancés salvajes conocido: la comunidad Ngogo. Lo que hasta hace poco fue una masa cohesionada de casi 200 individuos se convirtió, en menos de una década, en dos facciones enfrentadas. Desde 2018, la llamada "guerra civil" entre Occidental y Central dejó al menos 24 muertos, entre ellos 17 crías.
No son metáforas floridas: son datos registrados por científicos y publicados en la revista Science. Aaron Sandel, antropólogo de la Universidad de Texas y co-director del Proyecto Chimpancés Ngogo, lo resume sin eufemismos: chimpancés que antes se tomaban de la mano ahora intentan matarse unos a otros. Ese tránsito de la convivencia al matón revela, en términos crudos, cómo estallan y se enquistan las hostilidades entre grupos cercanos.
Los investigadores rastrean varias causas convergentes: pérdidas de individuos clave en 2014 que pudieron debilitar la red de vínculos; un cambio en el macho alfa al año siguiente que coincidió con el inicio de la separación; y una epidemia respiratoria en 2017 que eliminó a 25 chimpancés, entre ellos uno de los últimos nexos entre las facciones. Tras una pelea en 2015, las interacciones se hicieron más raras y, cuando se producían, más agresivas.
La dinámica retratada es simple y terrible: animales que compartieron comida, cortejos y vigilancia durante años pasaron a considerarse enemigos por su nueva pertenencia grupal. Los ataques, protagonizados mayoritariamente por la facción Occidental contra miembros del grupo Central, dejaron al menos siete machos adultos y 17 bebés muertos, aunque los autores del estudio advierten que el número real puede ser mayor.
Los científicos advierten que los factores en juego no son únicamente ecológicos —como el tamaño del grupo o la competencia por recursos— sino relacionales: la competencia entre machos por la reproducción y la ruptura de la red social. James Brooks, del Centro Alemán de Primates, recuerda que esta fractura sirve de recordatorio sobre el peligro de divisiones grupales en sociedades, incluida la humana, y pide estudiar esos comportamientos sin caer en determinismos evolutivos.
Si una de las especies más próximas genéticamente a la nuestra puede pasar de la colaboración a la caza del distinto sin ceremonias culturales, obliga a replantear cuánto de la violencia humana temprana puede haber emergido de dinámicas relacionales muy básicas. No es una sentencia sobre nuestro destino: es una advertencia que exige reflexión. Aprender de Ngogo no es exotismo académico; es mirar un espejo incómodo para comprender cómo se fragilizan las sociedades cuando se rompen los lazos que las mantienen unidas.
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