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Cuando la profecía se convierte en negocio: las apuestas que atenazan la política y la guerra

Plataformas que predijeron la victoria de Trump y aceptaron apuestas sobre muertes y combates ponen en jaque la decencia y la ley

Redacción Más España

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24 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Cuando la profecía se convierte en negocio: las apuestas que atenazan la política y la guerra
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El fenómeno no es una anécdota: aplicaciones como Kalshi y Polymarket han transformado en transacción lo que hasta hace poco se consideraba impensable. Lo que comenzó como una alternativa financiera para anticipar resultados ha desembocado en apuestas sobre elecciones, operaciones militares y, en casos estremecedores, sobre la muerte de un jefe de Estado.

La cifra que acompaña este cambio habla por sí sola: un negocio que factura del orden de US$44.000 millones ha ampliado su catálogo más allá del deporte y la economía, aceptando contratos sobre elecciones locales, decisiones del Banco Central y, según reportes, hasta sobre la entrada de tropas estadounidenses en Irán. Fueron estas mismas plataformas las que, tras una victoria legal, llegaron a alojar apuestas sobre las elecciones de 2024 y predijeron la victoria de Donald Trump.

Que se pueda especular con la vida de una persona no es un debate abstracto: la apuesta de US$10 sobre la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, y la cancelación posterior del mercado por parte de Kalshi, que llegó a generar cerca de US$54 millones en esa opción, muestran el alcance y la sordidez del negocio. Craig Holman, de Public Citizen, lo dijo sin rodeos: "Ahora se puede apostar sobre cualquier cosa y eso ha derivado en esto tan macabro de apostar por la muerte de un jefe de Estado".

Polymarket, por su parte, habría aceptado apuestas por más de US$500 millones relacionadas con la guerra en Irán y llegó a ofrecer una apuesta sobre la posibilidad de una explosión nuclear, opción que fue retirada tras el escrutinio público. Las compañías operan desde Estados Unidos y en muchos casos sostienen que parte de su actividad ocurre en intercambios fuera del país, pero la realidad es que millones de dólares han circulado en mercados que desafían límites legales y éticos.

La legislación no es neutra: en EE.UU. existe prohibición expresa de comerciar con contratos relacionados con la guerra, el terrorismo o la muerte de una persona, y las leyes financieras contemplan la intervención de la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos (CFTC). Sin embargo, el diseño de estos intercambios —similares a una bolsa de valores donde usuarios apuestan entre sí mediante "contratos de eventos"— ha generado un debate sobre si se trata de mercados financieros legítimos o de apuestas deportivas y casinos virtuales maquillados para eludir regulaciones y tributos.

La tensión no es solo técnica; es de seguridad nacional y de ética pública. Los críticos advierten sobre riesgos de uso de información privilegiada, corrupción y la rentabilización de la guerra. Cuando la predicción esquiva el escrutinio y se convierte en incentivo económico para el conflicto, la sociedad debería reaccionar con firmeza y claridad normativa.

No se trata de demonizar la innovación financiera, sino de imponer límites: la libertad de mercado choca aquí con normas básicas de convivencia y con prohibiciones legales que existen por alguna razón. Si estas plataformas pueden influir en percepciones, canalizar flujos millonarios y transformar la política y la seguridad en mercancía, la pregunta es inevitable: ¿quién regula el mercado de las profecías y con qué criterios de interés público y seguridad nacional?

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