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Cuando la paz no es casualidad: lecciones de los cinco países más seguros

Islandia, Nueva Zelanda, Suiza, Eslovenia e Irlanda muestran que seguridad y cohesión social van de la mano

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de junio de 2026 3 min de lectura
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Cuando la paz no es casualidad: lecciones de los cinco países más seguros
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El mundo está viviendo un retroceso sostenido de la paz: según el Índice de Paz Global del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), los niveles de paz han empeorado en 99 países, marcando el duodécimo año consecutivo de retroceso a escala mundial. Frente a ese panorama, hay un reducido grupo de Estados que resisten la corriente y ocupan los primeros puestos del ránking de 2026.

No se trata de azar ni de mitos turísticos. El IEP clasifica 163 países con 23 indicadores —desde gasto militar y conflictos en curso hasta tasas de homicidio y percepción de seguridad— y las naciones mejor situadas combinan consistentemente bajas tasas de violencia con instituciones que funcionan, alta confianza social, buenas relaciones con sus vecinos y una elevada calidad de vida. Esa receta, desapasionada en sus ingredientes, produce resultados palpables.

Islandia encabeza la lista por decimonoveno año consecutivo y mejoró un 2% en 2026, impulsada por una marcada disminución de manifestaciones violentas, baja militarización y una elevada calidad de vida. Los residentes y responsables del turismo señalan que la paz en la isla es también una elección comunitaria: políticas públicas orientadas a la igualdad —incluida la paridad de género—, servicios públicos sólidos y el aprovechamiento de energías renovables explican parte del éxito. Su aislamiento geográfico y sus vastos paisajes contribuyen a ese entorno de calma; la cultura local, desde las piscinas geotermales hasta los museos dispersos, refuerza la cohesión social.

Nueva Zelanda ocupa el segundo puesto y mejora su posición entre 2025 y 2026; su avance se relaciona en parte con una reducción en las importaciones de armas y con una baja militarización en la región de Asia-Pacífico. La geografía vuelve a aparecer como factor estructural: la distancia, el fácil acceso a la naturaleza y la configuración social del país ayudan a mantener niveles reducidos de conflicto en curso.

Tras Islandia y Nueva Zelanda aparecen Suiza, Eslovenia e Irlanda, completando el quinteto que representa hoy la cima de la paz según el Índice. En todos esos casos se constata un patrón repetido: instituciones que funcionan, confianza social elevada y relaciones externas estables. No son anomalías; son modelos donde la seguridad no es solamente ausencia de violencia, sino resultado de políticas y prácticas sociales que facilitan la convivencia.

Estas realidades deberían ayudar a disipar dos nociones peligrosas: la de que la paz es un estado estático y la de que la seguridad se compra exclusivamente con mayor gasto militar. El Índice lo deja claro: los factores que sostienen la paz son múltiples y, a menudo, domésticos: igualdad, servicios públicos, gestión de la violencia y tejido social.

Si aceptamos la lección, la política pública debe dejar de dividirlo todo en eslóganes binarios y empezar a reconstruir las instituciones, la confianza y la cohesión ciudadana. Porque en un mundo donde la paz retrocede en la mayoría, los países que resisten ofrecen pruebas concretas de que la seguridad se construye mucho antes de cualquier alarma internacional: se edifica en la vida cotidiana, en los servicios, en la igualdad y en el sentido compartido de responsabilidad.

Que Islandia, Nueva Zelanda, Suiza, Eslovenia e Irlanda lideren el índice no es noticia menor: son faros que señalan que, incluso en tiempos de tensiones crecientes, la combinación correcta de políticas públicas y capital social puede traducirse en seguridad real para la gente.

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