China se blindó ante el choque petrolero, pero la guerra en Ormuz revela su talón de Aquiles
Reservas, compras y diversificación alivian el golpe, pero la dependencia de rutas y proveedores persiste

Redacción · Más España


La crisis energética desencadenada por los ataques y las represalias en Oriente Medio no es una sorpresa para Pekín: China ha venido diseñando durante años un colchón de seguridad. Sin embargo, la realidad es tozuda y obliga a mirar de frente los límites de esa estrategia.
La guerra que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel ha paralizado envíos desde el Golfo y ha llevado, por momentos, a que el precio del petróleo roce los US$120 por barril. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz —por donde transita, según la EIA, alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, unos 20 millones de barriles diarios— ha forzado a muchos a buscar proveedores alternativos y a echar mano de reservas estratégicas.
China, el mayor importador mundial de crudo, llega a esta prueba con ventajas tangibles: consume entre 15 y 16 millones de barriles diarios y, durante años de precios bajos, compró más para almacenar; solo en enero-febrero recientes las compras aumentaron un 16% interanual, según la aduana china. También ha diversificado suministros: el crudo ruso, no afectado por el conflicto en Oriente Medio, aporta casi una quinta parte de sus importaciones y convierte a Moscú en su principal proveedor.
El país ha aprovechado con pragmatismo la oferta de crudo barato, incluso proveniente de Irán pese a las sanciones de Estados Unidos. Informes y datos de seguimiento de buques muestran que parte de ese petróleo sigue llegando a puertos chinos y que, según Kpler, habría más de 46 millones de barriles iraníes almacenados en petroleros en el mar de China Meridional.
Al mismo tiempo, la matriz energética china ofrece cierto grado de resistencia: el carbón sigue siendo la principal fuente de electricidad y China es el mayor productor mundial de ese combustible, lo que reduce la exposición inmediata frente a una escasez de petróleo y gas. El petróleo y el gas representan, según medios estatales, poco más de una cuarta parte del total energético, una porción inferior a la de Europa o Estados Unidos.
Pero no todo es inmunidad. Gran parte del petróleo que alimenta el transporte —automóviles, camiones y aviones— procede del exterior y buena parte todavía atraviesa rutas vulnerables como el mar de China Meridional y el estrecho de Ormuz. Además, mientras el norte del país puede apoyarse en producción doméstica y en oleoductos desde Rusia, la mitad sur depende en mayor medida del crudo importado por mar.
La acumulación de reservas y el recurso a petroleros almacenistas ofrecen margen de maniobra, pero la ofensiva naval, las amenazas a buques y el bloqueo de pasos marítimos demuestran que incluso una estrategia paciente y generosa en compras puede ser sometida a una dura prueba geopolítica. El examen es claro: la previsión compra tiempo, pero no elimina la fragilidad que nace de depender de corredores marítimos globales en tiempos de guerra.
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