Caos en los aeropuertos: la política pone en jaque la seguridad y el servicio
Largas filas, personal sin cobrar y la decisión de trasladar agentes de ICE a las terminales

Redacción · Más España


Las imágenes se repiten: filas que avanzan con la lentitud de quien espera una solución que no llega. En Atlanta, Nueva York, Houston, Denver, Nueva Orleans y el sur de Florida, pasajeros han permanecido horas para cruzar los controles de seguridad, y en los momentos más críticos algunos relatan esperas de hasta cuatro horas.
La raíz no es técnica sino política: una reducción significativa del personal disponible en la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) por falta de fondos federales para pagar sueldos. Ese impasse financiero deriva de la ausencia de un acuerdo en el Congreso para el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), cuyo presupuesto quedó bloqueado en febrero por legisladores demócratas en rechazo a las redadas antiinmigrantes impulsadas por la administración de Donald Trump.
El resultado ha sido inmediato y medible: en grandes aeropuertos la ausencia de agentes ha llegado hasta el 40%, y más de 400 empleados han renunciado desde mediados de febrero, según informó la Casa Blanca. En aeropuertos de menor tamaño, la pérdida de unos pocos agentes ya amenaza con forzar la suspensión de operaciones. Mientras tanto, los aeropuertos recomiendan a los viajeros llegar con más de tres horas de antelación; en algunos casos, las colas llegan hasta la calle.
Ante ese escenario, el presidente Trump anunció en Truth Social que "el lunes ICE acudirá a los aeropuertos para ayudar a nuestros maravillosos agentes de la TSA que se han mantenido en sus puestos" y prometió trasladar a "nuestros brillantes y patriotas agentes de ICE". La medida encendió una polémica inmediata: el sindicato que representa a los trabajadores de la TSA respondió que su personal "merece que se le pague, no que se le sustituya por agentes armados y sin formación".
El jefe de ICE, Tom Homan, matizó el anuncio en una entrevista: aseguró que los agentes de ICE no participarán directamente en el control de pasajeros, sino que se usarán para liberar a agentes de la TSA en otras funciones de seguridad, de modo que el personal formado para la revisión de viajeros pueda "dedicarse al control y reducir esas filas". Homan indicó además que se siguen afinando detalles sobre cuántos agentes participarían y que el plan estaría listo antes del despliegue.
El contraste es evidente: mientras 170 millones de pasajeros proyectan viajar en estas vacaciones de spring break, la administración y el Congreso protagonizan una disputa que deja a la seguridad aeroportuaria —y, sobre todo, a los trabajadores— en el limbo. La solución no puede ser sustituir formación por voluntarismo armado, ni maquillaje operativo por decisiones mediáticas. Si la prioridad es la seguridad y el servicio a los viajeros, la obligación primera es garantizar el pago, la plantilla y la normalidad operativa que exigen los aeropuertos y los pasajeros.
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