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Barcelona sangra a tiros en plena visita papal: urgencia y pregunta sobre seguridad

Un hombre muerto en Balmes, arma hallada en Gràcia y la ciudad suma otra víctima en días

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de junio de 2026 3 min de lectura
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Barcelona sangra a tiros en plena visita papal: urgencia y pregunta sobre seguridad
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Un disparo en la arteria de Balmes, a las diez de la mañana, y la ciudad se detiene. Un hombre ha caído muerto en plena vía pública, en una de las calles más concurridas de Barcelona; otro asesinado por arma de fuego, la segunda víctima mortal en menos de una semana. Los hechos ocurrieron justo delante de una oficina de la Policía Nacional donde se tramitan DNIs y gestiones de Extranjería. Testigos que aguardaban sus trámites vieron cómo se cometía el crimen. “Estoy conmocionado, tremendo”, repetían quienes presenciaron la ejecución.

Los Mossos d’Esquadra han activado la investigación. Las cámaras han registrado al agresor —vestido con pantalones cortos y con un casco de bicicleta en la mano— que huyó hacia el norte de la ciudad. Poco después, agentes hallaron el arma en una parada de autobús de la plaza de Gal·la Placídia, en Gràcia: la pistola quedó cubierta bajo el asiento por el mismo casco que portaba el homicida; en el lugar también apareció un teléfono móvil que, según fuentes policiales, llevaba el autor.

La víctima, un hombre de mediana edad, iba indocumentada y por ahora no ha sido identificada; su fenotipo, según las mismas fuentes, es caucásico. Los Mossos han acordonado la zona y, con apoyo de la Policía Nacional, procedieron al levantamiento del cadáver a las 12:30. En la investigación se han desplazado el comisario jefe de investigación de los Mossos, Ramón Chacón, la comitiva judicial y la fiscal de guardia.

Lo ocurrido coincide con la visita del Pontífice a Cataluña, aunque las autoridades policiales desvinculan el homicidio del dispositivo que acompaña al Papa y aseguran que no ha alterado la seguridad del mismo. Esa circunstancia añade una nota de exasperación: la violencia armada irrumpe en la ciudad en un momento de máxima visibilidad internacional.

No es un hecho aislado. El domingo pasado otro hombre fue asesinado a tiros en la Zona Franca; el mismo lugar registró otra ejecución el 16 de mayo. En lo que va de año, seis personas han sido asesinadas a tiros, cuatro de ellas en Barcelona. Los Mossos admiten su preocupación por la proliferación de armas de fuego y llevan la alarma a los despachos de la Generalitat: la consejera de Interior, Núria Parlon, ha convocado una sesión de urgencia con la cúpula del cuerpo para abordar “la evolución de los últimos hechos violentos relacionados con organizaciones de crimen organizado”. A la reunión asistirá la dirección general de la Policía y los máximos responsables de la jefatura.

Las cifras son elocuentes sobre la tendencia: el año pasado los Mossos contabilizaron 93 episodios con arma de fuego, un 45% más que el año anterior. El número de detenidos por tenencia o uso de armas aumentó también, de 248 a 293. Los analistas policiales vinculan el problema al tráfico de drogas y, en particular, al auge del cultivo de marihuana.

¿Estamos ante un repunte coyuntural o ante la normalización de la pistola en las calles? La ciudad registra ejecuciones en espacios concurridos y junto a edificios públicos: oficinas que gestionan identidad y extranjería presencian ahora homicidios. Esa proximidad entre la administración que da seguridad y la violencia que la fractura plantea preguntas incómodas sobre prevención, control del armamento y coordinación policial.

La respuesta pública ya se ha puesto en marcha en clave institucional: investigación inmediata y reunión urgente de mandos. Pero los datos piden medidas sostenidas y contundentes. No basta con acordonar y recoger pruebas; hace falta estrategia operativa contra las redes de tráfico de armas y de estupefacientes que, según los propios Mossos, alimentan esta espiral.

Barcelona exige respuestas —y las exige ya— porque la ciudadanía no puede acostumbrarse a contar cadáveres a la salida de una oficina de documentación. La seguridad no admite pausas ni excusas; es un deber de Estado, de instituciones y de cuerpos policiales, pero también una reivindicación de la sociedad que pasea, trabaja y espera sus papeles en las aceras de nuestra ciudad.

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